
Creo que en más de una ocasión ya he dejado clara mi absoluta admiración por los actores británicos, capaces de resultar creíbles en cualquier tipo de personaje, adaptándose como un guante a ellos, o de saber recitar versos isabelinos sin que se les trabe la lengua y haciendo que suenen a música celestial. Y aún así, de vez en cuando hay alguno que destaca de los demás, por alguna razón especial, y le gusta coquetear con el lado oscuro, como por ejemplo Dirk Bogarde o Terence Stamp. Éste sería el caso de Jeremy Irons.
Aunque su primera aparición en el cine fue en Nijinksy, su carrera empezó en la televisión, y de allí le vino su primer gran éxito, por la serie Retorno a Brideshead, una de las joyas de la corona de la BBC de todos los tiempos. Su Charles Ryder ya sirvió para definir el tipo de personaje que con el tiempo iría ampliando, aunque no mejorando, porque toda la base ya estaba allí: elegante (le sienta el smoking como a pocos), ambiguo, de gestos exquisitos, decadente… Tener al lado monstruos sagrados como Laurence Olivier y John Gielgud no pareció intimidarle lo más mínimo.
Su siguiente película fue La mujer del teniente francés, y al que algunos definieron como el “sex symbol de las intelectuales” pronto se convirtió en el compañero favorito de divas del calibre de Meryl Steep o Glenn Close, en películas como la citada, La casa de los espíritus o El misterio Von Bulow. No contento con eso, también tuvo su particular duelo interpretativo entre actor británico y del actor’s Studio con Robert de Niro en La misión , aunque el resultado quedó en tablas, enriquecido por la diferencia de sus estilos.
Pero sus retos iban a más, y David Croeneberg se lo ofreció, haciendo que interpretara a unos retorcidos gemelos en Inseparables y a un locamente enamorado de John Lone, creyendo que es una mujer (el amor es ciego) en M Butterfly. Vivió su último tango con la parisina Juliette Binoche en Herida, y –finalmente- ganó un Oscar con El misterio Von Bulow, que confirmó lo que ya sabíamos hace tiempo –y volvió a demostrar en La jugla de cristal 3- que no hay nada más “cool” que un villano británico.
Parecía que el futuro no podía ser más prometedor, pero llegaron los disparates del tipo de Dragones y mazmorras, La máquina del tiempo o Eragon, en la que uno no podía menos que preguntarse qué *** estaba haciendo allí, alternando con lo que se puede considerar secundarios de lujo, como en El mercader de Venecia, Conociendo a Julia, o El hombre con la máscara de hierro. Por eso da gusto verle cuando se le sabe sacar partido, como en Apaloosa. El hecho de que la única aparición que haya hecho después sea en La pantera rosa 2 no permite que podamos hacernos demasiadas ilusiones, pero aún así ha sido un placer conocerte, Jeremy.
Aunque su primera aparición en el cine fue en Nijinksy, su carrera empezó en la televisión, y de allí le vino su primer gran éxito, por la serie Retorno a Brideshead, una de las joyas de la corona de la BBC de todos los tiempos. Su Charles Ryder ya sirvió para definir el tipo de personaje que con el tiempo iría ampliando, aunque no mejorando, porque toda la base ya estaba allí: elegante (le sienta el smoking como a pocos), ambiguo, de gestos exquisitos, decadente… Tener al lado monstruos sagrados como Laurence Olivier y John Gielgud no pareció intimidarle lo más mínimo.
Su siguiente película fue La mujer del teniente francés, y al que algunos definieron como el “sex symbol de las intelectuales” pronto se convirtió en el compañero favorito de divas del calibre de Meryl Steep o Glenn Close, en películas como la citada, La casa de los espíritus o El misterio Von Bulow. No contento con eso, también tuvo su particular duelo interpretativo entre actor británico y del actor’s Studio con Robert de Niro en La misión , aunque el resultado quedó en tablas, enriquecido por la diferencia de sus estilos.
Pero sus retos iban a más, y David Croeneberg se lo ofreció, haciendo que interpretara a unos retorcidos gemelos en Inseparables y a un locamente enamorado de John Lone, creyendo que es una mujer (el amor es ciego) en M Butterfly. Vivió su último tango con la parisina Juliette Binoche en Herida, y –finalmente- ganó un Oscar con El misterio Von Bulow, que confirmó lo que ya sabíamos hace tiempo –y volvió a demostrar en La jugla de cristal 3- que no hay nada más “cool” que un villano británico.
Parecía que el futuro no podía ser más prometedor, pero llegaron los disparates del tipo de Dragones y mazmorras, La máquina del tiempo o Eragon, en la que uno no podía menos que preguntarse qué *** estaba haciendo allí, alternando con lo que se puede considerar secundarios de lujo, como en El mercader de Venecia, Conociendo a Julia, o El hombre con la máscara de hierro. Por eso da gusto verle cuando se le sabe sacar partido, como en Apaloosa. El hecho de que la única aparición que haya hecho después sea en La pantera rosa 2 no permite que podamos hacernos demasiadas ilusiones, pero aún así ha sido un placer conocerte, Jeremy.






















